Foro galego de testemuña cívica


El derecho a una vida digna para todos

12-08-2019 02:27

«Aunque el debate sobre la inmigración y su gestión no es necesariamente xenófobo, siempre corre el peligro de acabar en xenofobia con una extrema facilidad»
Por: Vicent Partal
vicent partal open arms
La gente me pide a menudo cuál es mi ideología, en la que creo. Es normal que se nos haga una pregunta como ésta, a los periodistas, sobre todo los que analizamos la vida política cada día. Y yo siempre explique la misma cosa. Mis raíces, como las de la inmensa parte de la población de Bétera, son en el anarcosindicalismo, pero pronto descubrí el marxismo y el comunismo y estuve hasta que la realidad no era compatible con los manuales. Siempre -'siempre 'quiero decir desde los diecisiete años o así- he sido independentista, pero si tuviera que resumir mi ideología, lo haría con una simple frase: creo que todos los seres humanos tienen derecho de vivir una vida digna, es decir, sin temor de ningún tipo. Aquí y en cualquier parte del mundo.

Por eso, para mí, el derecho a una vida digna y el derecho que se deriva de ir a buscar allí donde sea necesario, pasando por encima de cualquier frontera si es necesario, es el más básico de todos los derechos. Junto con el derecho mismo a la vida. Este es un imperativo moral del que no puedo deshacerme por consideraciones utilitarias ni tácticas de ningún tipo. No hay nada que pueda justificar que ninguna persona sea forzada a vivir con miedo, sin dignidad, por razones sociales, políticas, económicas o del tipo que sea.

Y es por ello, por esta convicción íntima, que me revuelta de una manera muy especial la situación que hay estos días en el Open Arms, el Ocean Viking y los otros barcos que están en el Mediterráneo intentando salvar personas mientras los gobiernos europeos miran hacia otro lado y el gobierno italiano incumple todas las legislaciones que le obligan a atender a las personas que necesitan refugio en alta mar.

La hipocresía de los gobiernos europeos es aterradora y muy preocupante, comenzando por la de un Pedro Sánchez que, cuando le convino hacer ver que él era diferente, organizó todo un show en Valencia que visto ahora sólo podemos calificar de cínico. Pero a mí también me resulta preocupante el tacticismo de algunas fuerzas políticas cuando usan esta situación como herramienta desgaste del adversario, aprovechando los episodios concretos, pero evitando entrar al fondo del asunto.

Y sobre todo, me preocupa el crecimiento, fácilmente observable en nuestra vida cotidiana, del relativismo moral, como lo podríamos definir, entre una parte de la población que, a pesar de compartir el principio básico que todo el mundo tiene derecho de buscar un lugar donde vivir mejor, cae en la trampa de la problematización de este derecho. En este sentido, últimamente siendo muchos comentarios que, a partir de razones que se definen como prácticas, se acercan peligrosamente al discurso antiinmigración. Es lo que aceptar que discutir que idealmente todos debería entrar pero que, en realidad y sólo por razones prácticas, no caben o es inviable o provoca un aumento de la extrema derecha si nos mantenemos en esta posición ...

Hay que tener clara una cosa: aunque el debate sobre la inmigración y su gestión no es necesariamente xenófobo, ciertamente, sí es un debate que corre el peligro de acabar en xenofobia con una extrema facilidad. O de encenderla. Y por eso creo que se comete un error enorme cuando una parte de la sociedad europea propone una especie de repliegue táctico respecto al principio del derecho de buscar una vida digna, destinado a frenar temporalmente el crecimiento de las fuerzas xenófobas. Repliegue centrado a aceptar de hablar no del derecho a una vida digna sino de la supuesta 'viabilidad', o no, del ejercicio de este derecho. Manuel Valls fue un ejemplo paradigmático al Partido Socialista francés y así ha terminado. No entender que no se puede asumir una parte del discurso contra los migrantes sin quedar manchado para siempre es un error y un error gordo.

Contra este error, reclame de apelar al imperativo moral, como siempre en las grandes cuestiones. Porque no puedo aceptar que se ponen límites a una persona que busca una vida más digna. Todo el mundo, todos los habitantes del planeta, tienen derecho a una vida digna, sin miedo. Esto incluye, por supuesto, el derecho de estas personas de ser rescatadas en alta mar cuando lo han puesto todo en juego para huir de la persecución, de la miseria o de lo que sea.

PS. Dicho todo esto, es curioso, por no decir otra cosa, que aquellos que siempre tienen el cumplimiento de la ley en la boca, la ignoran de manera deliberada cuando no les conviene de cumplirla. De modo que me limitaré a copiar el artículo 98 de la Convención de las Naciones Unidas sobre la ley del mar, el máximo instrumento legal que regula el espacio marítimo de la Tierra:

«Cada estado requerirá a los barcos circulando bajo su bandera, siempre que ello no cause peligro en el barco, la tripulación o los pasajeros, a

    1. asistir cualquier persona encontrada en el mar en peligro de estar perdida
    2. proceder con la máxima velocidad posible el rescate de personas en peligro si son informados de la necesidad de hacerlo y en la medida de lo razonable esperar que puedan cumplir esta misión. »

¿Qué no se entiende?

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